viernes, octubre 30, 2009

Toma portada


Desde hace ocho años quiero tener una revista propia con esta cabecera. Me la merecía, aunque ningún amigo diseñador me la regaló nunca. No será porque no lo dije alto y claro hasta la afonía. Las circunstancias me han llevado a coger las riendas del photoshop y aquí está, esta es la portada de AR. Si Ana Rosa puede...

lunes, octubre 12, 2009

¿Me la juego?

viernes, octubre 09, 2009

Skype pervertido

miércoles, octubre 07, 2009

Adjudicado


Es el elegido por Mo y Harry para colgar en alguna de las paredes en Zurich o Barcelona. ¡Enhorabuena famillia! No podía tener mejor destino.

lunes, octubre 05, 2009

Si la cosa funciona



A Woody Allen le ha funcionado durante muchos años ser el personaje de sus películas. Ahora que ya no quiere poner su cara en la pantalla ha dado con el mejor actor que podía encontrar para encarnarle. La cosa le funciona, aunque sigue haciéndose muchas preguntas. Allen, más sabio que nunca, deslenguado y provocador, pesimista e hipocondríaco, como siempre, renguea por la vida sus suicidios fallidos. Nada le mata porque en cada intento renace otra vez alguna magia menor que ninguna ciencia se atreve a refutar.

Ayer salí del cine con la misma sensación con la que acabo los buenos libros. Atropellada y equilibrada por un discurso ametrallador y azaroso como la vida misma.

Comí una pizza en el Laurel. No estaba tan buena como recordaba. Jugué al póker y esto tampoco entraba en mis planes.

sábado, septiembre 12, 2009

Todo en su sitio

Alma y Aldo se conocieron de niños, jugaban en la misma acera, lamiendo la misma savia del viejo paraíso que refrescaba las siestas de verano en aquella barriada de Córdoba. Aldo era torpe y tímido y Alma, fresca y burlona. Cuando Aldo subía a los árboles midiendo cada paso, estudiando cada rama con esa minuciosidad exasperante, Alba no podía contener la risa y acto seguido exhibía su mayor destreza con descaro; trepaba deprisa y más alto y si tropezaba y caía, sabía que ahí abajo, siempre estaba Aldo para sostenerla. Pero por sobre todas las cosas, para Alma, Aldo era aburrido, así que un día, sin más, le dejó enganchado al tronco del paraíso del barrio, cambió de acera, de ramas y de amigos.

Alma no dejó de trepar árboles durante toda su vida, cada vez más altos, cada vez más lejos, convirtiéndose en una auténtica especialista. Pasaron los años y muchos árboles, hasta aquel día de marzo que recibió una invitación inesperada. En una carta le proponían escalar el paraíso más alto del mundo, ¡el más alto del mundo!. Esto era como un sueño que venía de regalo. En todos aquellos años, no había vuelto a subir a un árbol de esta especie, simplemente porque lo había dejado en el pasado y siempre aparecían otros nuevos más interesantes.

Aceptó sin dudar, recuperó a su niña fresca y entusiasta y con el mismo desdén de ayer, desoyó a quienes le señalaban que no estaba entrenada lo suficiente, que su cuerpo ya no estaba preparado para grandes aventuras, que, que, que...

Aquel árbol era tan o más grande de lo que había imaginado. Comenzó el ascenso sin dificultad, a buen ritmo, sin mirar hacia atrás, controlando los pasos con firmeza, confiando en su experiencia, hasta superar más de la mitad del recorrido. A medida que ascendía, el perfume de sus flores se hacía cada vez más intenso, evocándole aquellos días antiguos en los que no paraba de burlarse de aquel niño del barrio; mareada, confundida, intuyó que algo no iba bien; el miedo comenzó a envolverla hasta inmovilizarle las piernas. Perdía el control y las expectativas de superar aquel reto. Por primera vez, se sintió débil. Abajo se había reunido gran cantidad de gente para animarla y celebrar su hazaña, pero de pronto, todo era silencio. Las rodillas de Alba cedieron, las manos resbalaron derrapando por el tronco oscuro y su cuerpo se precipitó hacia el suelo. El impacto fue seco; el cielo y su paraíso quedaron muy lejos.

Alba no ha vuelto a hablar de árboles, ni de sueños, dice que de este último accidente sólo recuerda que mientras la atendían en la camilla, le parecíó oir una voz que le susurraba “Tenía tantas ganas de volver a verte,… así.”

viernes, septiembre 04, 2009

Faceboom

Pintando voy, pintando vengo


Y en el camino, yo me entretengo...